martes, 8 de febrero de 2011

La Historieta de Matías

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Matías el Telegrafista (PDF)

martes, 26 de enero de 2010

Lanzamiento pero no

En una sencilla ceremonia realizada a mediados de diciembre en el Centro Cultural de España se lanzó el libro con las historietas premiadas en el concurso "Historietas J. C. Onetti". O no.

Los responsables del área de Letras de la División de Cultura del MEC agradecieron a todos quienes participaron y colaboraron con la edición. El Director de Cultura, Hugo Achugar, resaltó la cercanía entre el escritor y la historieta, como uno más de los géneros masivos y populares de mediados del siglo XX. Aunque no hay manera de saberlo con certeza, afirmó que Onetti, al igual que toda su generación, era consumidor de las historietas de Mandrake, o las de Tarzán en el suplemento sepia de El Día, así como de la producción de Disney.

Dicho ésto, se entregaron los diplomas a los ganadores, acompañados de un (1) ejemplar del libro a cada uno. Y eso fue todo. Los escasos ejemplares que habían sido dispuestos sobre una mesita cual sandwiches en una bandeja volaron con rapidez.

No se informó dónde iba a estar disponible el libro. Yo, que había prometido a todos mis amigos y familiares un ejemplar, tuve que manotear uno de la mesita para por lo menos tener dos. Al preguntarle a la gente del MEC obtuve la respuesta tan temida: sólo se habían impreso unos pocos ejemplares por exigencia de la agencia literaria de Onetti. El libro estaría disponible en los centros MEC, para lectura en sala, pero no se pondría a la venta. Y todo esto por el lapso de un año.

Comprendo que el Ministerio y la División de Cultura no tienen la culpa. De hecho, de no ser por la mediación del CCE, quizás nunca se habría convocado al concurso. Su esfuerzo ha sido meritorio, pero se han dado contra un muro de negativas por parte de los herederos de Onetti.

Es una paradoja que el Año de Onetti se cierre con una muestra del poder que tienen las agencias literarias para evitar cualquier difusión de su obra que no les produzca un rédito económico. Un poder que supera al Ministerio de Educación y Cultura del país donde nació - y donde no quiso morir - el escritor.

Era mi intención publicar en este blog las páginas de mi adaptación de Matías el Telegrafista. Cometí el error de preguntar y, previa consulta a los abogados, se me informó que no tenía autorización para difundirla por otro medio que no fuera el libro. Nunca.

Así que, para terminar esta nota con un toque positivo, les voy a dejar el enlace a la página donde están todos los escritos de Onetti online. Para que no tengan que comprarse la edición de lujo que salió en España con motivo del Año Onetti.

http://www.onetti.net/es/home

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Mención

La historieta "Matías el Telegrafista", adaptación del cuento del mismo nombre, fue mencionada en el concurso convocado por el Ministerio de Educación y Cultura con motivo del centenario de Juan Carlos Onetti.
El Primer Premio fue otorgado a la obra "Esberj, en la Costa", de Matías Bergara y Rodolfo Santullo. El Segundo Premio lo obtuvo "Un Sueño Realizado", de Renzo Vaira.
También fue mencionada la historieta "Mascarada", de Aldo Pérez y Daniel Morales.

Presentación del Libro

El viernes 18 de diciembre de 2009 se presentan en el Centro Cultural de España los resultados del Concurso de Historietas sobre la obra de Juan Carlos Onetti, con motivo de los 100 años de su nacimiento.

Santa María



¿Dónde está Santa María? ¿Es Montevideo? ¿Buenos Aires?
Yo tengo mi propia respuesta: Santa María es Nueva Helvecia. Pero llevada a orillas del Río Uruguay.
La pista me la dio el bar Berna. Para mí, desde chico, Berna es el nombre de la radio de Nueva Helvecia. Aunque ahora se llama "Emisora Regional del Oeste" o algo así, todos los viejos de la región la conocen como "Radio Berna". Otra pista puede ser que la plaza principal de la ciudad es de las pocas en el país que no tienen a Artigas en el centro, sino el monumento a los colonos, así como en Santa María está el propio Brausen.
En la historia de Matías aparece un escenario importante de Santa María, el que a Nueva Helvecia le falta: el puerto. Es un puerto de embarque de granos y de lana. Un puerto fluvial, algo que lo diferencia de Montevideo. Es la época de Iriarte Borda, lo que situaría la acción en Uruguay. El puerto es lo suficientemente grande como para que operen paquebotes transatlánticos como el "Anchorena", seguramente bautizado por el millonario argentino Aarón de Anchorena.

Matías vivía, antes de embarcarse, en el pueblo de Pujato. En algunas partes del cuento Pujato aparece como ubicado en "Salto" y otras como cercano a Santa María. Esta oscilación entre la realidad y la ficción sería aún mayor si tomamos en cuenta el verdadero pueblo de Pujato, situado en la Provincia de Santa Fé, cerca de Rosario, también llamado "Colonia Clodomira".
El ambiente de Santa María no es el de una metrópolis como Buenos Aires, ni siquiera como Montevideo. Es una ciudad mesopotámica, fluvial, rodeada de colonias agrícolas. Sus hijos no tienen interés en conocer el mundo, sólo aspiran a un cargo en el telégrafo.

Adaptando a Onetti

¿Cuál es la esencia de adaptar una obra literaria a un género bastardo como la historieta?

Visto desde el mundo de las letras, la empresa de adaptar un texto, en este caso tan denso como cualquiera de los de Onetti, provoca cierta extrañeza. A veces no se percibe el objeto de acarrear contenidos, imágenes y recursos retóricos que ya se consideran exitosos a un nuevo medio en el que, con suerte, no serán más que un reflejo de lo que eran. Transformar una descripción literaria de un rostro o de un ambiente en un dibujo parece una reducción en el volumen de información. Y llevar un cuento de cuatro mil palabras a apenas 10 carillas de historieta parece una tarea propia del Reader's Digest. Para quienes son ajenos al mundo del relato gráfico o "historieta" (un diminutivo por el que tengo un inexplicable cariño), sigue siendo cierto que mil palabras valen más que una imagen.
No quiero decir que esta visión sea errónea. Creo que es tan válida como la que tenemos quienes hacemos historietas.
Visto desde el mundo del "comic" (anglicismo que es mejor no traducir), la adaptación de obras literarias ha sido siempre una forma de legitimar nuestro medio. Es una especie de prueba de admisión al mundo de las letras. Si una historieta es capaz de trasmitir el contenido de un cuento de Onetti, entonces quién se atreve a llamarla de "género menor".
Por otro lado, hay quienes destacan el valor de difusión que tienen las adaptaciones. Partiendo del supuesto que las obras literarias de fuste son difíciles de abarcar por un lector promedio, una historieta puede ser un escalón menos empinado, paso previo al disfrute de la verdadera creación literaria.
No vale la pena discutir sobre la jerarquía de los géneros artísticos. Creo que a esta altura del siglo XXI nadie necesita demostrar nada. Me preocupa más la segunda suposición, que los hechos demuestran que es falsa. Hay personas que leen mucho y personas que leen poco. Hay quienes desde niños devoran libros de cualquier tamaño y quienes sólo leen historietas toda su vida. Hay quienes leen todo tipo de géneros y quienes se limitan a los más fáciles de leer. Y no siempre una historieta es fácil de leer.
Opino que un relato gráfico debe tener valor artístico en sí mismo, no como puerta de entrada ni como versión taquigráfica de una obra mayor.
¿Qué me llevó entonces a encarar la adaptación de un cuento de Onetti a historieta? Fue más que nada un ejercicio de lectura. Mediante la lectura atenta, buscando lo implícito y lo sugerido por Onetti, elegí algunos hechos y los dispuse en 10 páginas, rodeándolos de otros hechos e imágenes de mi propia cosecha, buscando dar pistas sobre mi lectura personal del cuento.
Quizás la idea principal que quise mostrar es el contraste entre dos mundos, uno dinámico y confiado en sí mismo y otro dubitativo y conservador. El hecho que ese Hamburgo tecnológico fuera el de 1900 y no el de la segunda mitad del siglo XX me pareció una genialidad de Onetti, con su capacidad para orillar los lugares comunes sin caer nunca en ellos.
La historieta tiene sus propias reglas. Si bien acepta diferentes tipos de discurso, su ritmo narrativo está marcado por la acción de los personajes. No sería para mí una buena adaptación aquélla en que los personajes no hicieran nada y se limitaran a hablar. Este cuento es el relato de un "sucedido"; el narrador desaparece dejando lugar a la acción que ocurre en su memoria. Quedan los hechos, que como aclara el propio narrador "no significan nada", porque siempre habrá algo detrás, hasta el fondo definitivo que no alcanzaremos nunca.